martes, 31 de diciembre de 2024

Día 2

Conoces la sensación desde los catorce años, todo te irrita y al mirarte al espejo piensas que estás acabada. 
Ésa es la regla.
Da igual cuantos dulces o salados ingieras, cuántos momentos agridulces que podían haber sido lo mejor de nuestra vida... Sino fuera por el dolor del demonio en nuestro útero.

Me incorporo en la cama, alargo el brazo y cojo el móvil: 14 de Enero, seis de la mañana. Quedan dos horas para que suene la alarma, voy al baño, me coloco una compresa, sé que mi periodo significa al menos seis euros menos, además de si me tengo que coger el día libre por dolor menstrual y todo lo extra que me gaste en medicamentos o chocolatinas. Al menos es viernes, el finde podré descansarlo en casa.

Hoy tengo sólo cuatro horas programadas. Voy a la cocina a por un enanthyum y agua, vuelvo a la cama, deseando seguir durmiendo.

Sólo cuatro horas programadas.
En media hora me levantaré con la estricta necesidad de hacer pis, saludar en los grupos de WhatsApp y maquillar mi cara de fantasma. Labios crema, pestañas de rímel, pelo castaño con ralla a un lado recogido tras la oreja derecha. Un clásico de viernes.
Escribiré el capítulo sobre La Vida, el sentido que le encuentro y cómo conseguir que mis alumnos lo acepten.

Una sensación de mierda

Acaba de pasar un año desde que tomé la decisión: seguir viviendo. Y aquí estoy ahora, tumbada sobre la cama sin esperanza alguna de mejora salarial, el tiempo invertido en castillos de aire y kilos de más.

Mi amiga Sonia me consuela, sus palabras se leen cálidas en el chat:

- Este año es el tuyo, llevas mucho tiempo esperando el golpe de suerte definitivo, y yo sé que ya es tu momento: éste es el año de La Publicación. Te quiero. Sé valiente, ve a por todas.

Ruedo en la cama, le escribo que yo también la quiero, recuerdo cuando teníamos tiempo para todo y a veces incluso me hacía la loca para no quedar tanto (soy celosa de mi espacio, tal vez impertinente, ver más de un día seguido a alguien cercano me suele agotar) (los quiero, los aprecio, no tiene nada que ver con eso, soy yo y mi egoísmo, unos límites algo estrictos). Me tapo con el edredón, conecto Spoty al altavoz, le pido una canción más de Amaral.
Es fin de año, se escuchan varios cohetes. 
Ésta cena de noche vieja me la he perdido, es mi segundo año fuera de casa, el dinero no da para recorrer media España y volver al día siguiente a trabajar al bar.

Entiéndanme, no todo es triste o gris, ayer cené pizza y hoy he podido disfrutar de una sopa de tortellinis riquísima. Tengo buena salud y mi cumpleaños es en tres semanas, con total seguridad lo celebraré con mi 'hermana' Sara (a ella le sobra el tiempo y el dinero, me lleva tres años y dos carreras de ventaja). Desde que la conozco mi vida ha experimentado noches de karaoke, bailes latinos, salidas a escaladas, poledance... A veces me pregunto cuántas vidas lleva para poder encajar tanto en las mismas 24 horas que yo tengo.

Giro de nuevo sobre mi misma en la cama.
Mañana el bar abrirá a las dos, está todo reservado. Desde la una estará Sonia en cocina, a mí me toca servir y limpieza.