martes, 31 de diciembre de 2024

Una sensación de mierda

Acaba de pasar un año desde que tomé la decisión: seguir viviendo. Y aquí estoy ahora, tumbada sobre la cama sin esperanza alguna de mejora salarial, el tiempo invertido en castillos de aire y kilos de más.

Mi amiga Sonia me consuela, sus palabras se leen cálidas en el chat:

- Este año es el tuyo, llevas mucho tiempo esperando el golpe de suerte definitivo, y yo sé que ya es tu momento: éste es el año de La Publicación. Te quiero. Sé valiente, ve a por todas.

Ruedo en la cama, le escribo que yo también la quiero, recuerdo cuando teníamos tiempo para todo y a veces incluso me hacía la loca para no quedar tanto (soy celosa de mi espacio, tal vez impertinente, ver más de un día seguido a alguien cercano me suele agotar) (los quiero, los aprecio, no tiene nada que ver con eso, soy yo y mi egoísmo, unos límites algo estrictos). Me tapo con el edredón, conecto Spoty al altavoz, le pido una canción más de Amaral.
Es fin de año, se escuchan varios cohetes. 
Ésta cena de noche vieja me la he perdido, es mi segundo año fuera de casa, el dinero no da para recorrer media España y volver al día siguiente a trabajar al bar.

Entiéndanme, no todo es triste o gris, ayer cené pizza y hoy he podido disfrutar de una sopa de tortellinis riquísima. Tengo buena salud y mi cumpleaños es en tres semanas, con total seguridad lo celebraré con mi 'hermana' Sara (a ella le sobra el tiempo y el dinero, me lleva tres años y dos carreras de ventaja). Desde que la conozco mi vida ha experimentado noches de karaoke, bailes latinos, salidas a escaladas, poledance... A veces me pregunto cuántas vidas lleva para poder encajar tanto en las mismas 24 horas que yo tengo.

Giro de nuevo sobre mi misma en la cama.
Mañana el bar abrirá a las dos, está todo reservado. Desde la una estará Sonia en cocina, a mí me toca servir y limpieza.

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