Hoy no trabajo, es Domingo de Ramos. La ciudad está hermosa, resplandeciente. Camino por la calle Real, adornada de banderas, vítores y flores. Me encanta el olor a incienso, siento cómo todo me transporta a mi juventud, cuando creía en Dios y la Iglesia.
Estoy esperando a Sara, hemos quedado en una terraza. Invita ella.
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