El encargo está hecho. Dos cabezas, de gemelos. Estos hermanos habían firmado fuerte su desdicha al dejarnos a deber dinero. Una y otra vez les avisamos, les ofrecimos incluso pagar fraccionasdo, como si de verdad hubiera sido sólo un préstamo.
Supongo que no entendieron el riesgo.
Terminé de cerrar la bolsa, las dos cabezas seguían ensartadas en mitad del parque. Ya llegaría alguien para dar la voz de alarma.
Ajuste de cuentas.
Así se titularía el periódico de este jueves.
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