viernes, 3 de enero de 2025

Día 4

Me encanta desayunar fuera de casa, un capricho tan caro como cualquier otro vicio. Sonia habló conmigo, finalmente había decidido sacarme a mí las horas del contrato, era quien más tenía (aún). Cotizar menos, trabajar más. Todo un éxito: viva la hostelería, viva España.

No culpo a mi jefa, cada vez se gastan menos los clientes (no pueden) y día tras día los impuestos suben. Prometieron ayudas, pero la realidad es que luego no 'cumples' los requisitos para poder alcanzarlas.

De regreso me llego al supermercado, la cuña de queso que tanto me encanta... 8 euros. Recuerdo lo que recibo por mi hora de trabajo: 7. 
¿Alguien lo entiende? ¿De verdad debo emplear toda una hora de mi vida para poder comer una cuña de queso? Un queso cualquiera, por cierto, ni me planteo un queso de verdad.

Lo compro.
Vuelta a casa.

Mi cabreo va en aumento, sé que no es Sonia la culpable, tampoco está en mi mano la solución. Asfixiar a la clase media, convertirla en baja, promover la ansiedad, los créditos, la violencia... Todo vale.

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