Hemos apurado hasta el último segundo, ya es hora de volver a casa. Sara se nos unió hace unas horas, y estamos ya en ese momento donde el color rojo-licor asoma en nuestras mejillas. Está muy hermosa.
El cristal de la puerta es diáfano, la luz que se cuela ilumina los bodegones de la recepción.
No se oye nada.
- Gracias - Sonia se acercó a nosotras, abrió los brazos hacia Sara y la abrazó con fuerza -; la deuda está saldada.
El cuerpo de Sara cayó a sus pies, la sangre inundó la moqueta.
Qué.
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