- En Agosto cerramos.
La noticia me cae como un jarro de agua fría.
Termino de cruzar la puerta y entro al vestíbulo, Sonia me espera a la entrada del primer comedor. No sé quién de las dos necesita más un abrazo.
Supongo que ella, yo siempre podré encontrar otro local donde echar a perder mi vida. El restaurante era para ella un sueño de juventud, si bien hubo rachas difíciles, es la primera vez que la veo tan abatida.
- Han denunciado - suspira-; sé que no has sido tú, también sé que podía pasar y que están en su derecho de hacerlo - me invita a entrar al primer comedor, ha preparado una mesa alta para dos, hay dos copas.
Dos copas, y una botella de frissante.
- Háblame de Sara - dice.
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